sábado, 23 de junio de 2012

El derecho a sentirse mal


Isabel Molina
Cuentan que una visita que le hizo a su mujer en un sanatorio en el que estaba siendo tratada de una infección pulmonar, le inspiró un cuento corto. Pero lo cierto es que finalmente Thomas Mann escribió una novela de 700 páginas y más adelante recibió el premio Nobel.
Muchos escritores han encontrado a lo largo de la historia de la literatura un refugio, alivio o inspiración en la enfermedad. Un lugar desde el que se han permitido reflexionar sobre la muerte o los conflictos de la época, a través del cual han podido trazar una radiografía de la sociedad del momento…pero siempre con el escenario de la enfermedad, ya sea individual o colectiva, de fondo. O a veces, como es el caso de la novela ‘Todo esto para qué’, en un absoluto primer plano.
La tuberculosis le dio a Mann la ‘excusa’ para contar la realidad social, intelectual y filosófica de su época. Qué mejor manera de justificar las largas horas de conversaciones eternas y profundas de sus protagonistas que enmarcándolas en el ritmo lento y enfermizo de un sanatorio de tuberculosos.
Pero si en el siglo pasado fueron las plagas como la peste, o la tuberculosis las que inspiraron a algunos escritores, la enfermedad de este siglo es sin duda el cáncer, que ya empieza a tener su propia y cada vez mayor, biblioteca de ficción: el cáncer como punto de inflexión y cicatriz personal que permite al protagonista dar un giro inesperado a su vida; historias en las que la amargura y tristeza producidas por la enfermedad encuentran consuelo y calma donde nunca antes se hubiera buscado; también relatos surrealistas, tiernos y poéticos como el de Boris Vian, que nos contó el cáncer (sin nombrarlo), como un nenúfar creciendo dentro de un pulmón.
Ahora bien, el planteamiento de Lionel Shriver en ‘Todo esto para qué’ no es precisamente poético. Ni reposado o reflexivo. Esta novela rezuma humor, rabia y sinceridad y se atreve a plantear el cáncer en términos poco frecuentes.
Uno de ellos, cuánto cuesta tener cáncer.