martes, 28 de junio de 2011

La triste historia del tiburón

Isabel Molina
A pesar de que Spielberg sembró en muchos un miedo irracional a ellos, los tiburones nos fascinan. Son ágiles, solitarios, de mirada intensa, veloces, imprevisibles, silenciosos y grandes depredadores. Y llevan unos 400 millones de años surcando los océanos.

Pero cuando uno se enfrenta al hombre, el depredador por excelencia, no sirve de nada tener una mandíbula colosal o tres filas de dientes  capaces de desgarrar a su víctima en segundos. O incluso haber sobrevivido al período que llevó a la extinción de los dinosaurios.

De las 307 especies de tiburón evaluadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, sólo 3 están protegidas a nivel internacional (el tiburón blanco, el ballena y el peregrino).  Y esta desprotección ha hecho que el número de tiburones se reduzca dramáticamente.

Tiburón de arrecife (Carcharhinus perezi). Jardines de la Reina. Cuba

EUO © OCEANA Carlos Suárez


La triste historia
A través de la organización de protección de los oceános, Oceana, conocí el triste destino de muchos de estos animales.

El consumo de sopa de aleta de tiburón en Japón y otros países asiáticos ha llevado a que se extienda una práctica extremadamente cruel y sin sentido: el cercenamiento de aletas.

Los pescadores suben sus capturas a cubierta, cortan las aletas de estos animales, que posteriormente son arrojados (muchas veces vivos) de nuevo al mar, donde se desangran y mueren.

¿Por qué no se aprovecha el tiburón entero?
Como su carne no es muy apreciada y el mercado de aletas está en alza, las pesquerías prefieren no ocupar espacio en el barco y poder así cargar sólo aletas de tiburón, desaprovechando de esta manera el 99% del alimento capturado.

La cifra: se calcula que cada año se cercenan entre 26 y 73 millones de tiburones.

¿Y para qué?
Para repartir una sopa de pescado en bodas, banquetes y comidas de negocios como indicador de que se posee un buen estatus económico.

Afortunadamente desde organizaciones como Oceana o con medidas gubernamentales como la tomada recientemente por Honduras, que ha creado un santuario de tiburones, se lucha por detener estas terribles prácticas y así proteger a una especie que juega un papel vital en el mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas marinos.


miércoles, 22 de junio de 2011

¿Uso o abuso?

Isabel Molina
El grupo británico de defensa de los animales, ‘Animal Aid’, ha declarado la guerra a 4 de los más prestigiosos centros de investigación de Reino Unido.

Han presentado un informe llamado ‘Víctimas de la investigación’ con el que piensan iniciar una campaña de concienciación ciudadana a nivel nacional. Pretenden que se reduzcan las donaciones privadas a estos centros por “el maltrato continuo e innecesario” que infringen a ratones, ratas, cerdos o monos.

La diana del ‘ataque’ de este grupo son los centros de referencia (Cancer Research UK, The British Heart Foundation, The Alzheimer's Society and Parkinson's UK) en investigación sobre Alzheimer, patologías del corazón, cáncer y Parkinson.   

La denuncia:
Los millones de libras de fondos públicos que reciben estos centros utilizados en parte para torturar a un número desconocido de animales. Número desconocido porque según Animal Aid los laboratorios se niegan a dar cifras exactas de los animales utilizados para sus experimentos.

El informe alerta de que ‘‘en nombre de la salud pública’’ se realizan estas formas de maltrato animal sin que hasta hoy haya pruebas de que su uso suponga un claro avance médico.

Según la organización de derechos de los animales, estas formas de tortura pasan por la vivisección, la inoculación de células cancerígenas en ratones, la destrucción deliberada de miles de corazones de cerdos y perros o las sustancias tóxicas inyectadas en cerebros de monos para el estudio de la enfermedad de Parkinson.

La defensa:
Un gran número de científicos defienden el uso de animales en investigación porque consideran que los logros en los últimos años son lo suficientemente relevantes como para justificarlo y piensan que si esta práctica fuera prohibida, el avance médico se detendría.

David Pruce, de la asociación ‘Understanding Animal Research’, afirma que nadie quiere matar o torturar un animal por placer, de forma que siempre se evita el uso innecesario de ellos. Asegura que la investigación con animales es un proceso completamente regulado y transparente, que la mayor parte de los experimentos se realizan en ratones y ratas, y que sólo cuando no hay otra opción se utilizan otros animales como monos, como es el caso de la investigación sobre Parkinson.


La lucha entre los activistas defensores de los animales y los investigadores, viene de muy atrás y es especialmente intensa en Reino Unido, donde se estima que existen unas 3000 asociaciones de este tipo. Además de la presión mediática de campañas como la de ‘Animal Aid’, otros grupos han llevado a cabo acciones más directas, como las perpetradas por los llamados ecoterroristas, como los miembros de la organización ALF (Animal Liberation Front), cuyas acciones pasan por quemar mataderos, liberar animales e incluso enviar amenazas a ciertos investigadores. Algunos de sus lemas: ‘cocer es matar’ o ‘cuando bebes leche bebes sangre’.

Pero más allá de este extremo de defensa animal, muchos activistas encuentran legítimo que se usen en el campo de la medicina. Pero ‘Animal Aid’ ha contado también con testimonios de personas con cáncer que declaran que no se investigue con animales ‘en su nombre’.

Lo cierto es que el uso de ratones es una práctica común y extendida, y ha permitido reproducir y estudiar enfermedades de gran impacto en la sociedad como el cáncer. Si bien es cierto que los resultados no puedan extrapolarse inmediatamente a los humanos, son aproximaciones muy valiosas que han dado lugar al desarrollo de muchos fármacos y a un mayor conocimiento de qué son las enfermedades y cómo evolucionan. El desarrollo de vacunas o la producción de anticuerpos son otros ejemplos de cómo los animales nos permiten avanzar en el conocimiento científico.

Pero la cuestión no es sencilla y es difícil establecer unos límites: ¿hay que proteger a todos los animales o sólo a aquellos que nos son más cercanos como perros o monos?, ¿se deben evitar experimentos en los que se hace sufrir a largo plazo?, ¿debería existir un mayor control y más transparencia en cuanto el número de animales que se utilizan en los centros de investigación españoles?, ¿es verdad que en ocasiones hay un abuso más que un uso razonable?, ¿es posible un avance médico sin utilizar animales de experimentación?.

La opinión: con mi experiencia lo tengo claro. No al abuso pero sí al uso (por ejemplo, en 5 años de investigación de melanoma yo personalmente no utilicé directamente ningún animal porque no fue necesario). No a la experimentación animal para el desarrollo de la industria cosmética. Desde luego que sí para la investigación biomédica. ¿Evitar el sufrimiento?. Siempre se intenta. ¿Avance médico sin utilizar animales?. Lo encuentro difícil. ¿Control?. Por supuesto.

Pero las respuestas que cada uno obtenga dependerán sin duda de qué pongamos primero en nuestra lista de prioridades.




viernes, 17 de junio de 2011

La palabra favorita de Margarita Salas

Isabel Molina
Mañana se celebra el día E, la fiesta del idioma español que organiza el Instituto Cervantes en su tercera edición. Personalidades de todo el mundo han dejado testimonio de qué significa el español para ellos y cuál es su palabra preferida: el ‘cariño’ de Pedro Piqueras; la extraña ‘querétaro’, palabra elegida por Gael García Bernal; ‘bailamos’, la sugerente propuesta de Alicia Alonso o Ricardo Darín, con su ‘verdad’ por delante. 

Muchas voces, también la de algún científico que se ha 'colado' en esta ''lluvia de palabras" del Cervantes para contarnos qué palabra es esa que no se cansa de pronunciar.

Margarita Salas, la bióloga molecular que investigaba cuando casi ninguna mujer lo hacía, la científica cuya dedicación y pasión le permitieron continuar su carrera profesional en Nueva York junto a Severo Ochoa. Una mujer cuyos estudios sobre un pequeño virus, el phi29, revolucionaron la genética al caracterizar una proteína, la DNA polimerasa, que permitía amplificar el DNA facilitando enormemente su estudio y análisis.

La primera mujer científica que se sentó en uno de los sillones de la Real Academia de la Lengua para tratar de traducir “la ciencia que se inventa en inglés”, al español. Y como no, Margarita Salas también tiene una palabra en español preferida.

Sin florituras, con la sencillez que le caracteriza, nos habla en este video de qué palabra es esa que le emociona.




¿Cuál te emociona a ti?

lunes, 13 de junio de 2011

Un escáner cerebral muestra que...


Isabel Molina
Cuando escuchamos o leemos esta frase automáticamente tendemos a darle validez científica y pensamos que algo grande viene detrás. Porque si lo dice un escáner no puede ser mentira. Pero en muchos casos detrás de estas palabras sigue una información parcial o sin demasiado interés científico.

Desde su desarrollo en los años 90, la resonancia magnética funcional (fMRI) se ha convertido en una de las técnicas más usadas por los neurocientíficos de todo el mundo.  La razón: es una técnica no invasiva que, mediante cambios en el flujo sanguíneo del cerebro, permite ver qué partes del mismo se activan en respuesta a todo tipo de situaciones, patológicas o no.

Gracias a la fMRI (frecuentemente llamada ‘escáner cerebral’) hemos podido conocer áreas concretas del cerebro que están relacionadas con actividades específicas como el lenguaje, lo que ha supuesto un enorme avance científico y lo que actualmente resulta de gran utilidad en el estudio de muchas patologías relacionadas con determinadas zonas del cerebro. 

'Jumping brain'. Foto: Emilio García
 
Pero su uso masivo también ha dado lugar a toda una serie de publicaciones que no siempre son de gran interés científico y que además sirven de excusa a muchos medios de comunicación para publicar cientos de noticias que encuentran un hueco por el simple hecho de introducir el término ‘escáner cerebral’. Incluso pueden encontrarse muchas investigaciones en las cuáles la metodología más adecuada no debería pasar por realizar esa prueba.

Un ejemplo claro que describe esta situación lo encuentro en el blog de la neurocientífica Dorothy Bishop, de la Universidad de Oxford.

‘Un escáner cerebral muestra que escuchar música es emocionalmente más estimulante si se hace con los ojos cerrados’.  Muchos pensarán que bueno, no es la noticia científica del año pero nos da cierta información.

Pero como reflexiona Bishop, ¿no sería más interesante hacer un estudio en el que se pregunte a la gente por sus sensaciones?. Porque el escáner sólo muestra los cambios de flujo sanguíneo que sufre una persona al experimentar un estado mental específico, pero en ningún caso mide el grado de estimulación emocional. Existe según Bishop, una “creencia extendida según la cual la actividad de un escáner cerebral proporciona una medida directa de determinados estados mentales. Y aunque para algunos se conoce ya lo suficiente para poder decir que cuando se realiza determinada operación cognitiva se activa cierta parte del cerebro, esto no significa que la estimulación de esa parte del cerebro sea equivalente a que se está realizando esa actividad cognitiva”. Ni que sea extensible a cualquier cerebro humano. Dependerá de muchos factores, como la estructura y función de cada uno de ellos.

Tratar de sugerir que el cerebro está totalmente compartimentalizado e intentar asignar zonas de activación a toda acción humana, es equivocado. Normalmente existe toda una red de regiones cerebrales que actúan de forma coordinada. Es más, es obvio que ante cualquier hecho que realicemos observaremos ‘actividad cerebral’.

Y como afirma un neuroescéptico con humor: ‘un escáner cerebral muestra que..…el cerebro hace cosas’.


*Precisamente hoy y vía twitter me llega el último estudio de este tipo: ‘Un escáner cerebral predice el éxito comercial que tendrá una canción’. Lo dicho.

viernes, 3 de junio de 2011

Presunción de culpabilidad

Isabel Molina

En un futuro no demasiado lejano pudiera ocurrir que quitarse los zapatos y sacar las llaves de los bolsillos no fuera suficiente para pasar 'libre' a la zona de embarque de un aeropuerto. Sudar o parecer nervioso a ojos de las nuevas tecnologías que vienen, podría ser una razón de peso para que tuviéramos que someternos a más registros exhaustivos.

El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos está probando una nueva tecnología denominada FAST (Future Attribute Screening Technology), que pretende llegar a detectar en aeropuertos si una persona tiene intención de cometer un acto terrorista.

A lo Minority Report, la tecnología funciona de forma similar a un detector de mentiras. Mide varios indicadores fisiológicos asociados al nerviosismo y la ansiedad propios del que va a delinquir: ritmo cardíaco, sudoración e incluso su forma de moverse por un aeropuerto. Y es que, a diferencia de la prueba del polígrafo, esta tecnología se basa en sensores sin contacto físico, lo que en teoría permitiría someter a individuos a esta prueba sin que fueran conscientes de estar siendo analizados. 


Fotograma de la película 'Minority report', de Steven Spielberg
Aunque hasta el momento sólo ha sido probado en el laboratorio (con un 70% de éxito), la ‘invisibilidad’ del sistema FAST evita, según sus inventores, la sugestión de las personas que normalmente se alteran con sólo ver un policía o un detector de metales, lo que reduciría enormemente los registros innecesarios, aseguran.

Actualmente ya existe en determinados aeropuertos un sistema similar denominado SPOT (Screening Passengers by Observation Technique) que usa técnicas parecidas pero realizadas por personas entrenadas para ello. SPOT está basado en las investigaciones sobre microexpresiones faciales de Paul Ekman, un reconocido psicólogo de la Universidad de California pero cuyos métodos han sido ampliamente criticados por considerarse que no se han sometido a la revisión por pares necesaria para la validación de cualquier investigación científica.

Según Ekman su método funciona pero no quiere que se someta a revisión porque según afirma, “en esas revisiones participan investigadores de Irak, Irán o China, que tienen intereses enfrentados con Estados Unidos”.  Lo que según él no es fiable para tratar temas de seguridad nacional.

Desde 2006 hasta 2009, el sistema SPOT ha llevado a la detención del 1% de las personas sometidas a un registro más exhaustivo, de las cuales ninguna ha resultado ser un terrorista.

En cuanto a FAST, la versión ‘mejorada’ de SPOT, está rodeado de un gran misterio y no se sabe cuándo verá la luz. Eso sí, en ambos casos no son pocas las voces que se han alzado en contra de su utilización.

Investigadores que no confían demasiado en la tecnología que hay detrás de este sistema, la alta tasa de error que se le presupone (ya que el nerviosismo asociado a un avión es algo muy frecuente y podría confundirse con síntomas de ‘malas intenciones’) y la afirmación más rotunda de que no es posible predecir las intenciones de un individuo.

Y en el caso de que funcione, ¿es justo que por el mero hecho de sudar o estar nervioso por cualquier circunstancia, uno tenga que ser retenido, cuestionado y examinado?, ¿es razonable que alguien analice cada paso que das por la sencilla razón de estar dentro de un aeropuerto?.

Al comienzo de ‘Tu rostro mañana’, Javier Marías reflexiona sobre la injusta frase ‘todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra’. Injusta porque implica que si dices algo que refuerce sus motivos para considerarte culpable, lo usarán. Pero si dices algo que podría ayudar en tu defensa, “son palabras al viento”.

Así que dentro de un tiempo podríamos encontrarnos frente a un policía que nos diga ‘todo lo que su rostro haga podrá ser utilizado en su contra’.

¿Presunción de inocencia o más bien presunción de culpabilidad?. Lo cierto es que entran ganas de viajar en tren.



*La noticia: http://www.nature.com/news/2011/110527/full/news.2011.323.html