viernes, 27 de mayo de 2011

La fe en el mono


 Isabel Molina

Mamá, ¿quién creó a los animales?, algunos niños de mi clase dicen que fue Dios.  ¿Quién es Dios?.

Para algunos padres alejados de la fe, enfrentarse a esta pregunta plantea serias dificultades. Introducirse en el mundo de la evolución humana para convencer a un niño requiere mucha mano izquierda. ‘Venimos del mono’ es algo obvio para muchos, pero suena raro a oídos de una personita que ni siquiera sabe lo que son los genes y jamás ha oído hablar de evolución. Si además tienes que luchar contra las ideas creacionistas  o el ‘diseño inteligente’ que se cuelan por ciertos resquicios de la sociedad, el esfuerzo que hay que hacer es serio.

Esta pregunta a la que se enfrentaba hace poco una amiga, me ha venido a la cabeza cuando he encontrado una reseña en The Guardian sobre un libro publicado hace ya algunos años, ‘Casi como una ballena’. Escrito por un reconocido biólogo evolucionista, Steve Jones, cuenta su propia versión de ‘El origen de las especies’ de Charles Darwin.

Siguiendo la estructura que propuso Darwin, respetando los capítulos pero “improvisando y añadiendo su particular visión, que transcurre paralela, a ratos totalmente indistinguible del original”, mostrando parte del conocimiento post-darwiniano que se ha ido recopilando desde la publicación del revolucionario libro en 1859: “un recordatorio de la naturaleza de la ciencia, que se basa en, y supera incluso redirige, los mayores logros del pasado”.

Cuesta entender que hoy en día se defiendan e incluso se pretenda adoctrinar a los niños con argumentos pseudocientíficos (más bien nada científicos) de aquellos que afirman que no hay pruebas que sostengan que tenemos un pasado genético común, no sólo con el mono sino con otros animales como la mosca del vinagre, con la que compartimos un alto porcentaje de genes. Más aún comprender a los que defienden la ‘Teoría del diseño inteligente’, basada en que alguien muy muy inteligente nos ha tenido que crear a todos. Voces que afirman que Darwin no menciona que Dios no exista en su libro, como si eso fuera una prueba irrefutable de que en efecto existe (como se comenta con humor en un post que recomiendo más abajo, Darwin tampoco menciona a los unicornios, dragones o a las invasiones extraterrestres)

Pero es que la pseudociencia ‘cala’ precisamente porque no duda, no titubea y no es prudente. Y como siempre, aspiramos a grandes verdades, a teorías absolutas que lo expliquen todo. Quizás la mejor lucha contra la pseudociencia es no hablar de ella. Dejemos en manos de la ciencia lo que es de la ciencia.

Volviendo al inicio del post, mi amiga le contó su versión abreviada y para niños de ‘El origen de las especies’ a su hija.

Y cuando el otro día le preguntaron que si sus padres no creían en Dios, contestó con rotundidad:

No, mis padres creen en el mono.


Más:
‘Almost like a whale’, un libro que nos recuerda que el ser inteligente y revolucionario fue Darwin.

Un gran post de Antonio Martínez Ron que nos cuenta una gran verdad, que todos venimos de la misma charca: http://www.fogonazos.es/2008/09/de-intelectuales-y-trogloditas.html
 

jueves, 19 de mayo de 2011

De cómo una caracola consiguió veneno

Isabel Molina
Cuando te mueves tan despacio que las presas se ríen de ti al pasar, tienes que ganarlas con astucia…. y con veneno.

Conus pulcher en fondo arenoso © OCEANA Carlos Minguell
La caracola cono es un animal marino carnívoro que ha desarrollado una especia de trompa que le permite paralizar a sus víctimas con una inyección de veneno. Permanece oculto bajo la arena de manglares o arrecifes de coral, esperando agazapado a que las presas se acerquen.
Lo que ha intrigado durante mucho tiempo a los científicos es qué procesos evolutivos han permitido a esta caracola pasar de ser un pacífico herbívoro, a convertirse en un venenoso depredador.
La respuesta la ha encontrado ahora una investigadora que, analizando distintos cortes del esófago de crías de este molusco, se dio cuenta de que tenían una pequeña protuberancia que, en la edad adulta, se convierte en la glándula que contiene el veneno.
Y así es como la lenta caracola se convirtió en la letal depredadora. Un pequeño cambio, una gran diferencia.

sábado, 14 de mayo de 2011

El cuerpo que cambia

Isabel Molina

“Los holandeses son los más altos porque, en un país completamente llano, esto permite que la vista alcance hasta mucho más lejos”.

Más allá de esta broma de Frans de Waal, experto en comportamiento de primates,  surgen muchas preguntas en torno al por qué de las nuevas tallas de los habitantes del planeta.

¿Ser bajito en nuestra sociedad es una desventaja?, ¿Dónde está nuestro límite de crecimiento?, ¿llegará un momento en que todos seremos seres gigantes?

Recientemente se ha publicado un libro llamado ‘The changing body’, un macroestudio liderado por el economista y premio Nobel Robert W. Fogel en el que tratan de dar una explicación a los cambios producidos en el ser humano en los últimos 300 años. Eso sí, el ser humano de las sociedades económicamente más desarrolladas.

El libro observa que el desarrollo humano en estos últimos siglos ha superado millones de años de evolución, debido sobre todo al avance tecnológico y las mejoras en la alimentación, lo que se ha traducido en cambios fisiológicos en el cuerpo bien visibles.

Foto: Altea Moreno
La publicación ha generado una interesante discusión entre expertos de diversas áreas: antropólogos, sociólogos, economistas, investigadores… Lo que siempre está bien:

¿El aumento de la altura o la longevidad es sinónimo de progreso?
Según Daniel Lieberman, profesor de biología de la evolución en la universidad de Harvard, depende del cristal con que se mire. Para los economistas que creen que el progreso implica riqueza, salud y ocio, sí, nuestros ‘nuevos’ cuerpos reflejan progreso. Pero Lieberman pone encima de la mesa que en términos de evolución, el progreso no tiene cabida, ya que ésta ocurre por selección natural y no tiene nunca un propósito u objetivo concretos.

¿Se puede hablar de evolución?
Frans de Waal afirma que a día de hoy no hay ninguna prueba que sostenga la teoría de que los cambios fisiológicos en los humanos signifiquen evolución en términos darwinianos de selección natural. Ésta trabaja favoreciendo ciertos genomas por encima de otros, y el aumento en la talla de las personas ha sido demasiado rápido para explicarlo en términos de evolución.  Para de Waal, los cambios se explican por los avances en la alimentación, higiene y la medicina, y por extensión en el desarrollo de los sistemas públicos de salud y los cuidados prenatales.

¿Llegaremos a ser gigantes?
Pues parece que no. Genéticamente hay límites. Un cuerpo mayor necesita más energía para moverlo, y volviendo a los holandeses, parece que éstos alcanzaron su tope en 2001.

¿Quién pone el límite de la talla de los habitantes de países poco o nada desarrollados?
Las privaciones desde el primer desarrollo en el útero materno. La pobreza y la malnutrición infantil impiden a millones de niños desarrollarse plenamente e incluso llegar a la edad adulta. Para Angus Deaton, economista en Princeton, las diferencias de altura entre ingleses e indios, por ejemplo, no es una cuestión de genes sino de recursos, por lo que un mundo más alto es sinónimo de un mundo mejor. Queda sin resolver sin embargo, por qué los habitantes de zonas muy poco desarrolladas como Kenia o Tanzania son tan altos a pesar de sus carencias alimenticias y médicas. 

¿Cuáles son los costes de un supercrecimiento?
Para el antropólogo Richard Bribiescas, de la universidad de Yale, el aumento de tamaño afecta a otros rasgos biológicos: un cuerpo o un cerebro mayor, por ejemplo, implica que la morfología pélvica de la madre tenga que adaptarse a esa nueva condición y que el aporte energético aumente considerablemente, porque un cerebro más grande necesita más recursos. También asegura que una mayor producción de hormonas que permitan un mejor crecimiento, está relacionado con el desarrollo de algunas enfermedades en la edad adulta.

¿Cuál es el papel de los avances médicos?
Para concluir, un sociólogo y demógrafo, Samuel Preston, comenta que aunque el avance tecnológico ha sido esencial para el aumento de la altura, el libro no da la importancia que debiera a los avances médicos que se han producido en estos 300 años, que han llevado a erradicar numerosas enfermedades infecciosas. Además quita cierta importancia a la sobrealimentación, ya que, ¿de qué sirve un aporte infinito de comida si no puedes, por ejemplo, prevenir la diarrea crónica?.

El análisis es interesante y un punto de apoyo para el desarrollo de nuevas políticas sobre alimentación y salud pública, especialmente en los países en vías de desarrollo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Enseñando a olvidar


    pero que algún verso perdure
   en la noche propicia a la memoria
 J.L Borges

Dejar la huella de nuestro paso por este mundo. Y que perdure cuando hayamos muerto. 

Es el sueño compartido por muchos a lo largo de la historia y que hoy, casi sin darnos cuenta, se ha convertido en una realidad gracias a internet. 

Día a día, mail tras mail, estamos alimentando lo que algunos denominan ‘alma digital’. Un enorme conjunto de datos que todo usuario habitual de internet, arrastra consigo. Cada palabra que escribimos, cada comentario en fotos propias o ajenas, en definitiva cada tecla que apretamos se traduce en parte de la huella digital que estamos dejando a nuestro paso. 

La pregunta que surge a continuación es evidente: ¿es esto lo que queremos legar?. Tal vez la respuesta en muchos casos sea que no, a pesar de que todo lo que hacemos nos define. Cuando hablamos también dejamos algo a los demás: tonterías, anécdotas divertidas o sentimientos profundos. El oyente transformará ese mensaje, y si le llega, tal vez lo recuerde un tiempo o lo comente con una tercera persona. Pero el mensaje no viajará mucho más lejos.  

Hay defensores de preservar todo lo que un día navegó por la red. Creen que define este momento histórico y que nunca antes se dispuso de tanta información que permita dibujar lo que somos y el mundo en el que vivimos.

Otros consideran que es necesaria la tecnología que permita crear archivos con fecha de caducidad. Esta tecnología serviría para reducir el volumen inmenso de datos, protegería al individuo ante posibles agresiones externas. Haría posible que un error sí tenga vuelta atrás y pueda borrarse. En definitiva, una tecnología que enseñe a internet a olvidar para que tengamos más control sobre aquello que queremos dejar para la posteridad.

Goma de borrar digital. Foto: lranet.wordpress.com

Actualmente compañías como Google o Facebook almacenan millones de datos y movimientos de sus usuarios. El fin, comercial. Te dejan escribir y comunicarte en un espacio gratuito pero a cambio se quedan con tu perfil, lo que eres y lo que haces para, en principio, lanzar campañas publicitarias personalizadas y dirigidas. Millones de almas digitales en manos ajenas.

Ya hay iniciativas que permiten controlar más los propios datos, como la red social Diaspora, que basa su acción en que sea la propia gente la que guarde sus datos en servidores controlados por ellos mismos. 

Pero no sólo hay preocupación sobre lo que uno escribe sobre sí mismo. En tiempos de ‘copia y pega’ la tergiversación es tremendamente sencilla y sobre todo duradera. ¿Qué ocurre con noticias que un día se escribieron y más adelante resultaron ser falsas?, ¿tenemos derecho a que se ‘limpie’ nuestra imagen y se eliminen archivos que solicitemos?.

Desde luego la cuestión no es sencilla de resolver. Todo lo que está ocurriendo en esta era digital es nuevo y desconocido. Paso a paso van brotando las ventajas y los problemas de esta nueva comunicación. Se analizan, se discuten y van surgiendo grupos nuevos que tratan de darle una forma nueva a la red. 

Es obvio que ya no sirve aquello de cruzar los dedos para que alguien haya olvidado eso tan vergonzoso que hiciste o dijiste una vez. Si un día tecleaste algo, está en algún lugar de la red. 

Y de momento internet, no olvida. 


*Más información:


jueves, 5 de mayo de 2011

Yo es que soy de letras


Isabel Molina

Que la ciencia no tenga como único espacio televisivo La2, que tenga más presencia en los periódicos, que llegue cada vez a más personas, que se le dé la presencia que merece…. Y que nadie conteste ante un hecho científico con un ‘yo es que soy de letras’. 

Entre los deseos de los ponentes del pasado sábado en el XII Café&Periodismo, dedicado al periodismo científico, me quedo con esta frase de la coordinadora del SINC, Pampa G. Molina, que comentó que su aspiración en cuanto al futuro del periodismo y la comunicación científica es no tener que escuchar más esa temida frase.

Como se comentó la semana pasada, Cienciaen35mm estuvo allí tomando nota de lo que se debatió. En general todos los asistentes parecieron coincidir en que, aunque aún hay mucho que mejorar,  el periodismo y la comunicación de la ciencia viven un buen momento, impulsados por apuestas como la de Público (con 3 ó 4 páginas diarias de ciencia) o gracias también al aumento de blogs científicos en internet. 

Las distintas especialidades de los ponentes hicieron que pudieran tocarse varios temas desde puntos de vista diferentes, aunque todos criticaron por igual las malas prácticas periodísticas.  

La más comentada, la malísima costumbre de no citar las fuentes. También se puso sobre la mesa el corta y pega frecuente que se hace de la wikipedia para fines no sólo informativos sino también divulgativos.
Entre el público, periodistas, divulgadores, curiosos y también científicos, que se interesaron por conocer qué fuentes se consideran fiables o cómo son las relaciones entre científicos y periodistas.

A este respecto, Patricia Fernández de Lis, de Público, comentó algunas de las dificultades que se encuentran en su trabajo informativo diario, como la traducción del mensaje científico a uno más comprensible, lo que muchas veces acarrea problemas porque el investigador considera que la información no reproduce exactamente su trabajo. Y aunque reconocieron que la cosa está cambiando, todos parecieron coincidir en que se sigue echando de menos una mayor accesibilidad por parte de nuestros investigadores. 

Fue un debate abierto, con varias intervenciones del público. Se habló brevemente de Punset, con más detalle de Fukushima o de cómo los ecologistas habían conseguido el poder que tienen en algunos medios. La sombra de los lobbies farmacéuticos también planeó por la sala, pero Antonio Martínez Ron comentó con humor que a día de hoy, aún no se ha encontrado con tipos encorbatados que le digan cómo y sobre qué escribir. 

Agencias y gabinetes de comunicación, periódicos, programas de radios o blogs. La ciencia en todas sus facetas pasó por la mesa de esta edición de Café& Periodismo, y aunque no hubo demasiado tiempo para profundizar en algunos temas, quedó claro que la ciencia no sólo explica, sino que también nos explica

A los de letras, también.