lunes, 12 de diciembre de 2011

Me siento culpable, pero no es culpa mía


Walter, no sin sufrimiento, examinó la carta.

Entre los horrores del metano expelido por el ganado bovino, las cuencas hidrográficas devastadas por los lagos de excrementos que generaban las granjas de cerdos y pollos, la catastrófica sobreexplotación pesquera de los océanos, la pesadilla ecológica de las gambas y el salmón de vivero, la orgía antibiótica de las centrales lecheras y el combustible derrochado por la globalización de la producción agrícola…eran pocos los platos que podía pedir sin remordimientos de conciencia.

-A la mierda. Voy a pedir el entrecot”.

Este párrafo pertenece a la novela ‘Libertad’, de Jonathan Franzen, considerada como Gran Novela Americana y que, aunque se centra en la vida de una familia norteamericana de clase media, va tejiendo de fondo y de forma constante la realidad actual, los graves conflictos de conciencia y consciencia (inconsciencia también) a los que nos enfrentamos. Los grandes problemas mundiales que a muchos generan un profundo sentimiento de culpa acompañado paradójicamente de un ‘no es culpa mía’.

Hoy en día la causa ecológica se ha convertido en algo omnipresente. Los medios de comunicación, los programas políticos…todos hablan de cambio climático, zonas deforestadas, agricultura ecológica, la pérdida continua de la biodiversidad. Lo grave de la situación está fuera de toda duda, y podría pensarse que creando conciencia del problema en la población, pueden llegar a obtenerse soluciones. Pero si uno se acerca un poco más a la cuestión, encuentra fisuras:

La culpabilidad que sentimos es superficial en la mayoría de los casos y se puede apartar fácilmente de nuestras cabezas. Por ello las propias empresas cuyo sistema de producción desaforado ha contribuido a lo que tenemos, han desarrollado mecanismos que aseguren su propia supervivencia a la vez que liberan de la culpa a la sociedad: vamos a la compra, nos llevamos cientos de productos empaquetados con plástico y más plástico…. pero luego pagamos por las bolsas en las que tenemos que llevarnos la compra porque así ‘ayudamos a reducir la contaminación y contribuimos al medio ambiente’. O por cada 10 juguetes que compraremos en Navidad, uno irá directamente a las manos de algún niño pobre en África. De esta manera, el acto de consumir lleva implícita la redención por ese mismo acto que sabemos que es injusto para el planeta (y para la humanidad). Son sólo un par de ejemplos, pero si nos detenemos unos segundos en nuestro día a día, veremos que éste está lleno de pequeños actos de caridad que alivian nuestras conciencias y permiten que la maquinaria de producción y el consumo sigan su ritmo imparable. Es lo que el filósofo esloveno Slavoj Žižek llama capitalismo cultural. Un capitalismo que se disfraza con buenos valores como solidaridad, caridad, bienestar, cultura y ecología.

Con esto no pretendo decir que nada de lo que hacemos tenga su consecuencia positiva y alguna repercusión beneficiosa, pero son sólo parches que se van poniendo a un problema más profundo y que requiere cambios más drásticos.

Como afirma el filósofo francés Lucien Sève, lo que debería estar en el punto de mira es la ‘causa antropológica’ (al menos al mismo nivel que la ecológica), esta situación que ha llevado a la mercantilización de lo humano, una crisis de civilización que hace que muchos no encuentren su lugar en este mundo y que “una inmensa aspiración a cambiarlo todo tienda a no conducir a nada [ ] El pensamiento ecológico se enmarca ahora dentro de las formas nocivas de consumir antes que al modo inhumano de producir”.

Por su parte los gobiernos fomentan estas actitudes porque también aseguran así su supervivencia. Campañas en las que se nos culpabiliza del problema del agua y se nos anima a hacer pis en la ducha, otras en las que tomamos conciencia de la necesidad de reciclar..Políticas verdes pero extremadamente ‘light’ que hacen que la sociedad piense que los políticos están del lado bueno y que comparten la preocupación ecológica con la ciudadanía (que recordemos, tampoco está tan preocupada).

Nada ocurre salvo que aprendemos a vivir con nuestras contradicciones diarias, a superar esa culpa que empaña nuestra felicidad consumista: gritamos indignados los peligros de la energía nuclear mientras llenamos nuestros coches de carísima gasolina, llamamos desde nuestros móviles con sus pilas de litio para ver si nuestras parejas se han acordado de comprar tomates ecológicos, nos tomamos un café en el Starbucks porque así contribuimos a la agricultura justa…. La lista es infinita.

Mejor eso que nada, sí. Pero no parece que nada cambie y que el problema se  afronte como se debería. Coincido con Sève: tenemos un problema más humano que ecológico.

Y entonces llega la pregunta al final del día: ¿pero qué podemos hacer nosotros, humildes ciudadanos, contra todos estos problemas?.

De momento, y mientras se nos ocurre algo, comernos un entrecot.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Las fisuras del 'fracking'

No es un nuevo deporte de riesgo, aunque riesgo sí parece tener, sobre todo medioambientalmente hablando.

La fractura hidráulica es la relativamente nueva manera de extraer el gas natural que se encuentra embebido en las rocas y que resulta de difícil extraccion por no encontrarse en bolsas en piedras porosas sino en microburbujas que forman parte de materiales poco porosos como la pizarra y que además se encuentran a gran profundidad.

La manera:
Perforar verticalmente hasta el estrato donde se encuentra la pizarra. Una vez allí continuar perforando, ahora horizontalmente, a lo largo de 1-3 km. El área de perforación se recubre con cemento para evitar fugas a los acuíferos cercanos, y con explosivos se crean microfracturas en la roca. En ellas se inyecta posteriormente grandes cantidades de agua, arena y productos químicos que ejercen gran presión, aumentan el tamaño de las fracturas y hacen que el gas acumulado salga.  


El uso de esta técnica se ha extendido en los últimos años debido a la dependencia energética mundial de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas).  O todos reducimos nuestro consumo energético drásticamente o no parece probable que en los próximos años éstos vayan a ser sustituidos por energías renovables o por la oveja negra de las energías, la nuclear. De forma que la necesidad de obtener más combustible ha hecho que se extienda el fracking desde EE.UU a otros países.

Los problemas de la fractura hidráulica

Escapes de metano
Aunque el gas natural se considera uno de los combustibles fósiles más limpios porque produce menos CO2 que la combustión de carbón, no hay que olvidar que está compuesto en su mayor parte por metano (CH4), un gas con capacidad para producir un efecto invernadero hasta 105 veces superior al CO2. Según un estudio liderado por el investigador Robert Howarth de la universidad de Cornell, durante el fracking se escapa hasta el 8% del metano, el doble que con la extracción convencional de gas.

Productos químicos
Entre los productos químicos que se añaden en la mezcla agua-arena, parece que hay bencenos, toluenos y cianuros, con un alto poder contaminante. Aunque la sonda se recubre con cemento para evitar fugas, el riesgo de contaminación de acuíferos está presente y en EE.UU ya hay denuncias por agua en mal estado.  

Muchas rocas contienen de forma natural elementos radiactivos como torio o uranio, que podrían liberarse en el proceso de fractura hidráulica.
  
Fracturas
A día de hoy tampoco existen muchos datos del impacto que puede tener la existencia de estas fisuras artificiales en el subsuelo y en su actividad.


Aunque hasta el momento el único país que utiliza el fracking de forma masiva es EE.UU, parece que este método de extracción se está extendiendo por todo el mundo. En España existe una plataforma en contra del fracking, que investiga los permisos y las empresas que pueden o podrían tener planes de explotación mediante esta técnica.

La EPA (agencia de protección medioambiental de Estados Unidos) está llevando a cabo un estudio sobre el impacto en la población y medioambiente, de esta técnica cuyos primeros resultados espera tener para finales de 2012. El informe completo podría estar listo en 2014.

Como ocurre frecuente y lamentablemente, los estudios científicos llegarán años después de que se extienda el uso de esta 'nueva' tecnología.

Estaremos atentos


martes, 15 de noviembre de 2011

“Esto podría dolerle”… Y al final, te duele

Hay personas que cuando están enfermas acuden a curanderos, videntes y sanadores que les dan algún remedio nada científico y aunque poco, mejoran. Efecto placebo, claro. 

Luego están otras, como yo, que depositamos nuestra fe en la ciencia, vamos al médico que nos receta algún fármaco científicamente probado… Pero ay, luego leemos el prospecto y los efectos adversos y en lugar de mejorar, empeoramos porque los padecemos uno tras otro. Efecto nocebo.

¿Son suficientes unas palabras para desencadenar toda una serie de reacciones en nuestro cuerpo que lleven al empeoramiento (efecto nocebo) o a la mejoría (efecto placebo) de nuestra salud?. Pues parece que así es. Somos más previsibles que el perro de Pavlov. Suena la campanita y ahí estamos moviendo el rabo, dispuestos a curarnos o a sufrir y padecer tan sólo porque alguien nos dice que así será. El poder de la palabra y de nuestro cerebro, que suele actuar por cuenta propia.

Aunque durante mucho tiempo los placebos se han definido como sustancias inertes, no lo son. Y no lo son en el sentido en que un placebo nunca va sólo. Se acompaña de significados, estímulos sociales y sensoriales que nos dicen que lo que tomamos produce un efecto. Si uno toma una solución salina sabiendo que es eso lo que bebe, nada ocurrirá. Pero si lo acompañamos de la mentira de que es un fármaco contra el dolor crónico, por ejemplo, muchos pacientes sentirán en mayor o menor medida una mejoría en su estado. Dejando de lado a los curanderos, en los estudios científicos y los ensayos clínicos, llevan años usando placebos y estudiando qué ocurre en nuestro cuerpo y por qué se desencadenan esas respuestas.

La otra cara de la moneda se llama nocebo: padecer los efectos secundarios de una medicación sólo por saber que existen o sufrir el empeoramiento de una enfermedad porque el pronóstico es malo. Si crees que algo te sentará mal, lo hará.

Los mecanismos neurológicos, psicológicos y bioquímicos que se esconden tras este comportamiento, aún no se conocen en profundidad, pero algunos investigadores afirman que procesos psicológicos como el condicionamiento o las expectativas, activan determinados procesos en el cerebro; una auténtica y consistente red cerebral asociada a estos efectos.  Y la ansiedad, siempre como telón de fondo. Pero el nocebo no sólo está asociado a la visión subjetiva que el paciente tiene del dolor. También se han detectado algunos factores genéticos que podrían mediar en estas respuestas.
 Y entonces, ¿qué hacemos? 

En un estudio allá por los años 80 con pacientes tratados con un fármaco para el corazón, se observó que los enfermos sufrían mucho más los efectos secundarios (vómitos y jaquecas) cuando previamente el médico les había advertido sobre ellos.  

Entonces, ¿es mejor que no nos digan nada?, ¿es preferible una mentira piadosa?. La respuesta no es sencilla, claro.  
En algunos países donde las demandas son frecuentes, los médicos han de protegerse y por ello no se guardan nada. Describen minuciosamente cualquier cosa que pueda ocurrirle al paciente por tomar una medicación, lo que aumenta los riesgos de padecer el efecto nocebo. En otros países, la balanza se queda justo en el punto de equilibrio: contar pero sin darle demasiada importancia para que nuestros cerebros integren que son efectos secundarios que sólo a veces se sufren. Claro que, ¿cómo distinguir si lo que uno padece es nocebo o es verdaderamente consecuencia de la medicación?. Difícil cuando los síntomas son exactamente los mismos e incluso pueden verse, mediante escáner cerebral, la zona del dolor activada. No es que imaginemos que nos duele, es que duele de verdad.  

El problema añadido del nocebo es que además es contagioso. En 1962, los trabajadores de una fábrica de ropa estadounidense, comenzaron a sentir en cadena vómitos, fiebre y dolor de cabeza. El supuesto responsable del contagio masivo era un mosquito llegado de Inglaterra. Pero ni mosquito ni enfermedad. Sencillamente uno tras otro fueron adquiriendo los síntomas del de al lado.

Así que por el momento, lo único que podemos hacer para combatir el nocebo es confiar en los médicos y en los fármacos, no preguntar en exceso si uno tiende a la hipocondría. E intentar bajar nuestro nivel de ansiedad 
Y si no, siempre podemos seguir los consejos de este tráiler del estupendo programa de ‘Escépticos’.



*Por su trabajo sobre el efecto nocebo, Penny Sarchet ha sido la ganadora del 'Wellcome Trust Science Writing Prize 2011', premio que entrega, entre otros, el periódico The Guardian.

jueves, 3 de noviembre de 2011

FAKE


El psicólogo social Diederik Stapel se sienta con sus colegas y estudiantes de laboratorio y juntos proponen una hipótesis: -¿No os parece que un ambiente caótico (como la presencia de basura en una calle) puede producir la creación de estereotipos que finalmente llevan a la discriminación?. - Ah, pues podría ser.  –Venga, pues vamos a hacer el trabajo de campo: dos encuestas a pie de calle a ver si esa situación imaginada se traduce en algo real.

Así es más o menos como me imagino que se planteaba este investigador holandés pillado por fraude científico a gran escala (hasta el momento, decenas de artículos con datos falsos), sus trabajos. En principio no se diferencia en exceso de otras áreas científicas: uno plantea una hipótesis basada en conocimientos previos e intenta demostrarla.

El problema venía después: en lugar de recoger datos, Stapel se los inventaba y luego se los daba a sus estudiantes para que realizaran el análisis propuesto. Aseguraba que poseía una red de colaboradores que le proporcionaban los datos, así que nadie en su entorno sospechaba de que pudiera ser mentira.

Gracias a este sistema, este joven investigador consiguió lo que muy pocos a su edad: publicar en las mejores revistas científicas, como Nature o Science. Esto hizo que tuviera una gran reputación dentro del campo de la psicología social y que hasta recibiera premios por ello.


 ¿Cómo se consigue colar una y otra vez datos falsos?

Si uno trabaja, por poner un ejemplo, en melanoma maligno, y trata de demostrar la implicación de una proteína en el proceso tumoral, no es fácil colársela a los colegas. ¿La razón?. Hoy en día hay miles de grupos trabajando en el campo de la oncología. Se sabe por dónde van las investigaciones actuales y por supuesto algún grupo intentará reproducir los resultados que se proponen para ver que eso tiene sentido. Además, la metodología que se utiliza está muy bien establecida y en la revisión por pares miran con lupa cómo se han llevado a cabo los experimentos para llegar a esa conclusión.

En un campo de trabajo en el que las investigaciones se basan parcialmente en encuestas, la cosa parece algo más sencilla, ya que poner en duda lo que al investigador le han dicho sus encuestados es difícil dado el carácter subjetivo del trabajo. Reproducir esos mismos datos de forma exacta, también es tarea ardua. Si además se elige una hipótesis de partida que no parece descabellada, la aceptación es sin duda más sencilla.

Pero si conseguir confirmar una hipótesis de partida es difícil de por sí, inventársela tampoco es sencillo. Y esa ha sido la fisura por donde han salido a la luz los datos falsos de Stapel. Hacer cuadrar con la metodología la estadística de un montón de datos que van a ser revisados nada más y nada menos que por Nature, requiere un manejo hábil de los mismos. Y me imagino que cuando tu prestigio ya ocupa más que tus publicaciones, te relajas.

Pero no ha sido la revista y su revisión por pares la que ha dado con el fraude. Han sido sus estudiantes, aquellos que tenían que perder sin saberlo su valioso tiempo analizando datos y más datos inventados por su jefe. De pronto algo no les cuadró y lo comentaron con otros colegas del instituto donde trabajaban.

Stapel está arrepentidísimo y lo ha reconocido todo: "He fallado como científico, como investigador. He modificado los datos de los estudios y los he falseado. No sólo una vez sino varias y no de forma puntual sino durante un largo periodo". 

Demasiada sinceridad tras tanta mentira.

Otros casos de fraude

Las células que no llegaron a ser ‘madres’

Cuando salieron a la luz casos de fraude científico tan llamativos como el del investigador surcoreano Dr. Woo Suk Hwang, que publicó en Science dos artículos que mostraban grandes avances en la investigación con células madre, la revista se defendía parcialmente de las acusaciones con un editorial en el que Donald Kennedy, su editor, explicaba cómo el procedimiento de revisión había sido correcto, aunque admitía que en el futuro habría que tener más cuidado con artículos que son de interés público, que son controvertidos o sorprendentemente novedosos. Además de extremar el cuidado en la revisión de este tipo de investigaciones, existe la dificultad de detectar ciertas mentiras científicas.

Primero porque la revisión por pares (el método de publicación más ampliamente aceptado) no es infalible. Las hipótesis que plantea una nueva investigación científica no son corroboradas hasta tiempo después, hasta que otros científicos repiten esos resultados, así que los revisores han de basarse en su conocimiento sobre el tema, las investigaciones previas, el análisis de una metodología que sea posible. Y cierta confianza en que el trabajo que han de revisar entra dentro de la buena práctica científica.

En segundo lugar porque muchos de los fraudes científicos no son tanto mentiras como posibilidades científicas en un futuro próximo. Es decir, son fraudes y deben ser detectados y castigados, pero hasta cierto punto es comprensible que varios expertos en la materia no sean capaces de darse cuenta, ya que la investigación en cuestión va por ese camino y son unos resultados más o menos esperables a corto plazo.

El autismo y las vacunas

En algunas ocasiones, cuando se descubre un fraude científico, éste ha calado tanto en la sociedad que el daño producido es difícilmente reparable.

Es lo que ocurrió con el investigador británico Andrew Wakefield, que relacionó la vacuna triple vírica con casos de autismo y trastornos similares como Asperger. Todo inventado, pero hoy en día no es difícil encontrar a personas que afirman no querer vacunar a sus hijos (una decisión francamente peligrosa) por su relación con estas enfermedades.

Algunos como Wakefield, mienten por dinero. Otros como Stapel o Woo lo hacen por prestigio (que también conlleva más financiación y más dinero) y por la continuidad de su carrera.

A pesar de que Wakefield ha sido condenado y sus colegas han rechazado por unanimidad su trabajo, muchos siguen creyendo en su conclusión ya que,  desafortunada y frecuentemente, las grandes mentiras calan más que las ‘pequeñas’ verdades.  



jueves, 20 de octubre de 2011

No tienes visión espacial

“Mañana os van a hacer una prueba de inteligencia. No es obligatoria pero se valorará que la hagais”.

Con estas palabras nos vimos amenazados una tarde allá por los años 90 en el instituto. Los más empollones temblábamos pensando que la verdad podía salir a la luz y descubrirse que no erámos tan listos, sino simplemente eso, empollones; los más vagos vieron su oportunidad de demostrar que sus malas notas se debían a un ‘no quiero’ en lugar de a un ‘no puedo’; otros decidieron hacer ‘peyas’ e irse a jugar al mus y vivir para siempre con la eterna duda de cuáles eran sus capacidades.

Fuera del ámbito académico e investigador, siempre nos ha resultado más difícil establecer qué es la inteligencia y quién está en posesión de ella (de ahí que hablemos de inteligencia emocional, afirmemos que alguien es sobresaliente para los estudios o digamos que aquel es muy listo para la vida). Con la tontería la cosa nos resulta más sencilla y sin necesidad de compartimentos, y nuestras afirmaciones rara vez van más allá de 'ese es tonto y punto'. Pero volviendo a la psicología y a la neurociencia.

El test duraba varias horas y lo recuerdo como algo agotador y que dejaba el cerebro frito. Suerte para aquellos que optaron por el mus: había que colocar figuras en el espacio, hacer cálculos matemáticos, jugar con los colores y el lenguaje, alzar planos en minutos, ver cosas que sabiamos que estaban ahí pero que desgracidamente casi nadie veía, resolver problemas de lógica nada lógicos.


Cerebro frito por lapolab
Pero lo peor no fue hacer el test. Lo malo vino luego con los resultados. Nos daban un porcentaje de inteligencia general: 97%. Pensé con alegría que a lo mejor era más lista que empollona. Pero claro, con 15 años los secretos no se guardan y pronto los pasillos del instuto se llenaron de voces que cantaban sus porcentajes. ¡Había cientos de 99% de inteligencia general!. Vaya.

Además de esa inteligencia a grandes rasgos, en el informe nos daban datos más detallados de nuestras habilidades: expresión escrita, matemáticas, visión espacial (por lo visto yo era buenísima en ésta última). Y luego nos orientaban hacia qué carreras estábamos mejor encaminados (dando por hecho que había que estudiar una carrera). Con mi ya no tan sobresaliente 97%, me dijeron que debería estudiar arquitectura o alguna ingeniería. Y yo que quería ser escritora.

A pesar de que todos nos quedamos con ese porcentaje general, estos estudios que se hacían por aquel entonces, se basaban en la descripción de inteligencia de Howard Gardner, agrupada en la Teoría de las Inteligencias Múltiples’, lo que suponía en realidad un bálsamo porque implicaba que todos éramos inteligentes en algo. Y si le quitábamos ese ‘en algo’, al final nos quedaba que en efecto éramos inteligentes.

Algunas de las múltiples inteligencias: lógica-matemática; espacial; lingüística; musical; interpersonal; intrapersonal; naturalista e incluso existencial o filosófica. Era realmente complicado no destacar en alguna.

Pero esta teoría no era ni es aceptada por todos (lamentablemente para muchos), en particular por mi profesor de matemáticas, que me regaló un comentario en rojo en un examen que tiraba por la borda cualquier test de inteligencia. 

Y tampoco por algunos neurocientíficos, cuyos estudios basados en el grosor de la corteza cerebral, apuestan por una única capacidad general (llamada g) implicada en el resto de habilidades y que descartan la teoría de Gardner.

Otros, como el trabajo publicado ayer en Nature, afirman que la inteligencia cambia a lo largo de la adolescencia con el desarrollo del cerebro, y que puede aumentar o disminuir, de forma que esos índices que se nos quedaron marcados para siempre podrían ser distintos 20 años después.

Y tal vez, quién sabe, aún estemos capacitados para ser aquello con lo que soñábamos en el instituto.


lunes, 10 de octubre de 2011

El ataque silencioso de un tumor muy bien armado


La semana pasada nos despertábamos con la noticia de la muerte de Steve Jobs, fundador de Apple. Visionario, revolucionario y genio. Son algunas de los adjetivos que se pueden leer sobre él estos días. Pero mi propósito hoy no es hablar de él o de la revolución tecnológica y social que deja atrás, sino intentar entender y acercarnos un poco más al cáncer de páncreas, la enfermedad que ha acabado con él*.


¿Por qué el cáncer de mama tiene un índice de curación cercano al 60% y  sin embargo el de páncreas no supera el 5% y es particularmente letal?. 

La respuesta inicial es que son enfermedades distintas. Aunque compartan unas mismas características básicas que permiten agruparlas en un mismo lugar y bajo un mismo nombre, los distintos tipos de cáncer hace tiempo que se consideran patologías bien diferenciadas y los investigadores trabajan bajo esa premisa.

¿Por qué es tan agresivo el cáncer de páncreas?

Para empezar, hay que luchar en 3 frentes distintos, los principales componentes implicados en el desarrollo de la enfermedad:

1.    Células madre cancerígenas (Cancer Stem Cells): son las células que inician y permiten el desarrollo del tumor y son especialmente resistentes a la quimioterapia y radioterapia. El problema añadido es que, como células madre que son, mantienen la capacidad de autorrenovarse y de diferenciarse en otros tipos celulares, favoreciendo el crecimiento del tumor y la progresión de la enfermedad.

2.     Células cancerígenas ya diferenciadas que poseen mutaciones genéticas que las convierten en malignas y que tienen alteradas numerosas vías de señalización.

3.      Estroma: es el entramado de distintos tipos celulares y componentes de la matriz extracelular que rodean al tumor, permitiendo el sostén y la comunicación de éste con el exterior.

Dificultad en el diagnóstico

Este tipo de cáncer es uno de los más silenciosos porque muestra muy pocos síntomas, algunos de ellos como el dolor abdominal, compartido con decenas de patologías menos graves. Este silencio hace que detectarlo en estadíos tempranos sea complicado. Cuando su manifestación ya es visible (por ejemplo por la coloración amarillenta de la piel), la enfermedad suele estar muy avanzada. Además, debido a la localización del páncreas, es difícil detectar un tumor mediante pruebas rutinarias.

Fracaso de la quimioterapia

Los tumores funcionan como órganos en el sentido en el que se rodean de vasos sanguíneos que permiten la llegada de nutrientes que lo alimentan (y de los fármacos). En el caso del cáncer de páncreas, la vascularización es muy limitada, por lo que los agentes anti-tumorales no alcanzan el tumor. Aún se desconoce cómo sobrevive tan bien a pesar de la baja vascularización.

Además, no todos los pacientes con este tipo de cáncer presentan las mismas mutaciones genéticas, por lo que el tratamiento ha de ser individualizado. Resulta imprescindible conocer a qué medicamentos responde mejor el paciente. Para ello, el centro Johns Hopkins de Baltimore, investiga en fase experimental la reintroducción del tumor extirpado al paciente en ratones sobre los que se prueban los distintos fármacos para saber ante cuál responde mejor.

Metástasis

El retraso en el diagnóstico hace que células del tumor primario puedan desprenderse de éste para viajar a otras localizaciones, como el hígado o los pulmones, creando tumores secundarios y empeorando aún más el pronóstico de la enfermedad.

Causas desconocidas

En una revisión sobre el cáncer de páncreas publicada por el investigador Manuel Hidalgo, del CNIO, se comenta que aún no se conoce la causa de la aparición de este tipo de cáncer, pero se citan algunos factores que podrían estar implicados: el tabaco (el riesgo de padecerlo aumenta entre 2,5 y 3,6 veces en fumadores), el consumo de alcohol, cafeína y aspirinas (aunque no hay muchas evidencias al respecto, los datos hasta el momento son limitados), diabetes o antecedentes familiares (entre el 5 y el 10% de los pacientes tienen familiares que han padecido la enfermedad).

A pesar de que se ha avanzado mucho en el conocimiento de la biología del cáncer de páncreas (inlcuso ya ha sido secuenciado su genoma), por el momento esto no se ha traducido en una mejora de la esperanza de vida de los pacientes.

Casos extraordinarios

A principios de este año se conocía el caso del primer paciente con cáncer de páncreas avanzado 'curado'.

El médico, Manuel Hidalgo, participaba en el tratamiento experimental llevado a cabo en el hospital Johns Hopkins (comentado más arriba), donde se extirpó el tumor a un hombre con una esperanza de vida de semanas.  El tumor se introdujo en ratones y se probaron en ellos los distintos fármacos. En poco tiempo y sin daño para el paciente, vieron que lo que mejor funcionaba era la mitomicina C, un fármaco que impide la duplicación del ADN y por tanto la multiplicación de las células. Tras varias semanas de tratamiento, las células tumorales fueron desapareciendo hasta que no quedó ni rastro del tumor primario.

Eso sí, no puede hablarse de curación hasta que pasen 5 años, y el paciente aún sigue luchando contra una metástasis en el pulmón. Pero no deja de ser la primera vez que se consigue poner freno a un cáncer de páncreas tan avanzado.

El futuro

La medicina personalizada, que combina un análisis genético del tumor del paciente con otro que muestra su respuesta a los fármacos existentes y a los que aún se siguen desarrollando.

*en realidad Steve Jobs ha muerto a causa de una variante del cáncer de páncreas menos agresiva (de ahí que haya sobrevivido 7 años desde su diagnóstico), un tumor neuroendocrino que afecta a algunas hormonas y que es más fácilmente detectable. 


lunes, 3 de octubre de 2011

Vivir acorta la vida

Texto: Isabel Molina

Un estudio afirma que el café disminuye en un 15% el riesgo de padecer depresión en mujeres.

Casi cada día podemos leer este tipo de noticias científicas: el queso aumenta el riesgo de padecer cáncer, bailar salsa lo disminuye…y así un sinfín de actos cotidianos que aparentemente están relacionados con nuestra salud.

Algunos hábitos ya se sabe, con la ciencia en la mano, que son malos, como fumar o tostarse bajo el sol. Pero claro, estos otros estudios no explican el cómo. Ni un atisbo de la relación directa entre cafeína y depresión, ni un ensayo bioquímico, ni una propuesta de ruta molecular…. Sólo son estudios de comportamiento. Es decir, que si yo tengo cáncer pero es que además me chiflan los plátanos…. ¿podemos concluir sin más que los plátanos han podido ser definitivos para el desarrollo de mi enfermedad?.  

La cosa es la siguiente: unos investigadores de la universidad de Harvard deciden hacer un seguimiento durante 10 años a mujeres que toman café. Durante ese tiempo han de rellenar unos cuestionarios en los que se les pide que anoten el consumo de cafeína del último año (el margen de error aquí debe de ser tremendo) y que describan cómo se sienten. Y han de hacerlo ellas mismas, un autodiagnóstico en toda regla.

Digo yo que en 10 años pueden ocurrirte muchas cosas que se asocien con la sensación (o el hecho) de estar deprimido, como una ruptura sentimental, una situación laboral crítica o factores genéticos que predisponen a la depresión. Pero claro, si el factor determinante en el que se fijan los investigadores es el café, el que previamente habían considerado como implicado en la depresión, la cosa se vuelve de lo más simplista. Y entonces pones en una columna a las mujeres que sufren o han sufrido depresión (autodiganosticada, recordémoslo) y voilá, resulta que hay un 15% más de mujeres que no tomaban café en esa columna. Aunque también muchas que sí tomaban, por supuesto. Pero en eso no hacen hincapié.



Y con eso ya tienes una nueva publicación científica. En ella añades que es un estudio preliminar y que habrá que hacer sucesivas investigaciones y….a engordar curriculum.

El problema es que el funcionamiento de la ciencia requiere publicar para hacer una carrera científica. Hay mucha competencia y el ansia por publicar hace que de una mera observación sin explicación científica, se obtenga no sólo la publicación en una revista especializada, sino un titular en la prensa. Un titular que no perdurará en las cabezas de los lectores porque mañana habrá otro similar en el que se nos diga que beber vino previene o provoca cáncer. Sí, ambas cosas.

Existe una lista elaborada por el Daily Mail en la que podemos ver una recopilación de sus artículos periodísticos sobre estudios de cáncer en relación con los hábitos de vida y la alimentación, y claro, está plagado de elementos que a la vez lo provocan y lo previenen (chocolate, cerveza, ¡los niños!, queso, aspirina o incluso tener perro) y actividades como bailar o ir al cine que lo previenen.

Este tipo de trabajos me recuerdan a algunos basados en un escáner cerebral, en los que finalmente uno llega a la conclusión de que el cerebro ‘hace cosas’. Y nosotros también, menuda novedad. Y mientras eso siga ocurriendo las revistas científicas y los periódicos se llenarán de observaciones como ésta en las que mi conclusión, al menos, es que vivir acorta la vida.


*Más en 'Bad Science': http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/sep/30/run-your-own-scientific-trials

jueves, 29 de septiembre de 2011

Por qué a los pájaros carpinteros no les duele la cabeza

Ranas que levitan sometidas a un campo magnético, por qué las pulgas saltan más si están sobre un perro que encima de un gato, cómo quitar el hipo mediante un masaje rectal o formar diamantes a partir de tequila. O por qué a los pájaros carpinteros no les duele la cabeza.

Tan sólo son algunos ejemplos de investigaciones que suenan a coña pero que son de lo más reales y que por ello han recibido en algún momento un premio Ig Nobel. Estos galardones son el hermano bromista de los Nobel, y se conceden cada año a los estudios más originales, sorprendentes y por supuesto, que hagan reir.

Marc Abrahams, creador de estos premios que concede la revista, ‘Annals of Improbable Research’, comenta que no es difícil encontrar candidatos (reciben unas 7000 proposiciones al año) e incluso en ocasiones son los propios investigadores los que proponen una autonominación. Porque a pesar del cachondeo que va unido irremediablemente al Ig Nobel, también es una forma de hacer visible la ciencia, los medios se hacen eco de estos premios y el investigador tiene su momento de gloria en el que puede aprovechar para dar a conocer su trabajo. Aunque otros no se lo toman demasiado bien y rechazan recoger el premio porque lo consideran una ofensa y no les parece que sus investigaciones tengan ese punto gracioso que muchos sí vemos.

Los Ig Nobel, que se entregan desde 1991, cuentan además con un apoyo esencial. En la divertida ceremonia que se celebra en la universidad de Harvard, los premios los entregan en mano auténticos premios Nobel, como Orhan Pamuk (Nobel de literatura 2006) y Paul Krugman (Nobel de Economía 2008), que en 2009 entregaron el Ig Nobel de Salud Pública a la inventora del sujetador que se convierte en tiempo récord en dos mascarillas protectoras.

Un grupo japonés obtuvo el Ig Nobel de medicina por dilucidar cuáles son los compuestos responsables del mal olor de los pies y concluyó que ‘el que cree que le huelen los pies es porque le huelen y el que no lo cree es porque no le huelen’; o  un grupo de físicos ingleses que demostró que efectivamente la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla… El riesgo de que la gente piense que se gasta el dinero en investigaciones absurdas está ahí, porque como dice Abrahams, algunas investigaciones son ridículas de verdad, aunque muchas lo parecen pero no lo son en absoluto, como la desarrollada por un grupo español de psicología del lenguaje que obtuvo su galardón por el trabajo en el que demostraban que ‘las ratas no distinguen el holandés del japonés cuando estos se hablan al revés’. El artículo en cuestión se publicó en una revista prestigiosa y era de gran relevancia en el campo de la psicología del lenguaje, pero claro, tenía un título demasiado sugerente como para pasar desapercibido a ojos de Abrahams y su equipo.

Pero a pesar de que el leitmotiv es pasárselo bien, reirse y dar visibilidad a la ciencia, los Ig Nobel también tienen su punto reivindicativo y en ocasiones acusador. Así nos encontramos que los ganadores del Ig Nobel de la Paz en 1991 y 1996 fueron Edward Teller, el padre de la bomba de hidrógeno, ‘por su esfuerzos de toda una vida por cambiar el significado de paz tal y como lo conocemos’ y Jacques Chirac, ‘por rememorar los 50 años de Hiroshima haciendo pruebas atómicas en el pacífico’.

Y aunque nos parezcan más o menos absurdas, o algunos se enfaden por recibir un Ig Nobel, la mayoría disfruta muchísimo con estos premios que, como dice su creador, hacen reír pero también pensar.

En unas horas se conocerán los ganadores de 2011 en una ceremonia conducida por Marc Abrahams y que podrá seguirse en directo.

La risa está asegurada. 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Una noche muy científica




A pesar de que muchos investigadores no tienen siquiera un contrato, al menos una vez al año tienen su noche…. ‘La noche de los investigadores’, unas horas (de 6 de la tarde a 12 de la noche) para hacer visible su trabajo, para enganchar al público y hacerle disfrutar con su ciencia.

Bacterias que transforman materia orgánica en electricidad, nanopartículas de oro que hacen brillar las pupilas del espectador, un café que nos cuenta el papel de la ciencia en los medios de comunicación, viajar a 1632 para conocer a Galileo o dejarse atrapar por la magia de la química.

Son sólo algunas de las actividades que tendrán lugar en Madrid hoy, pero esta noche da para mucho más porque se celebra en más de 200 ciudades europeas simultáneamente.  Los investigadores toman la ciudad y se ponen como objetivos hacer disfrutar pero también contar que su labor es beneficiosa para la sociedad, tirar por tierra mitos sobre la ciencia y los científicos.. Incluso tienen por delante la difícil tarea de tratar de convencer a los jóvenes de que la carrera investigadora es una opción atractiva y fascinante. 

Una noche de viernes ciertamente original en la que algunos tal vez, cambien las copas por probetas.



martes, 20 de septiembre de 2011

El hecho de la evolución

La primera pregunta que le lanzo no es más que la que haría una periodista novata como yo: -¿Qué es el Diseño Inteligente?. Él no contesta directamente a mi pregunta lo que, a pesar de mi inexperiencia, ya me imaginaba: “El ADN funciona como un programa de software. Y los programas los inventan los programadores, no son fruto del azar. Luego el ADN lo ha tenido que crear una fuente inteligente”. -¿Entonces el ADN lo ha creado un programador? (me hago un poco la ingenua, a ver si cuela), y si es así, ¿quién es?. Carraspea y me dice que sí, que alguien o algo ha tenido que diseñarlo porque es extremadamente eficaz y complejo. Insisto con el ¿quién o qué? ha podido ser y le pregunto si sus investigaciones les están llevando por algún camino satisfactorio. Vuelve a irse por la tangente para decirme que todos nos hemos tragado la teoría de la evolución como una verdad absoluta y que aún hay mucho que descubrir sobre el origen de la vida. -Bien, ¿pero entonces estáis cerca de saber quién es la fuente de inteligencia?. Bueno, para los que tienen fe (los creacionistas), podría ser Dios. U otro ser inteligente. ¿Y para los que no la tienen?.

Aquí acaba la entrevista que hubiera podido tener con Stephen C Meyer, uno de los padres de la teoría del Diseño Inteligente (que defiende que la creación humana es tan compleja que sólo puede atribuírsela a algún elemento de gran inteligencia), si se hubiera prestado a ello. Como no ha sido así, he leído varios de sus artículos en los que se repite una y otra vez lo del ADN, el programador y el ser inteligente. Así que no creo que la cosa hubiera sido muy distinta cara a cara.

Hasta hace relativamente poco el Creacionismo y el Diseño Inteligente, teorías que luchan por desbancar a la teoría de la evolución de Darwin, no habían cruzado el charco para instalarse en las escuelas europeas. En algunos lugares de Estados Unidos como Louisiana, se avalaron en 2008 gracias a una ley que apelaba a la libertad de enseñanza de los profesores para poder manejar material distinto del oficial. Pero lo que creíamos un hecho alejado de nuestra realidad, parece estar afectando ya a Europa.

Por ello, un grupo de 30 científicos de Reino Unido entre los que se encuentran los investigadores y divulgadores David Attenborough y Richard Dawkins, están pidiendo firmas para exigir que el gobierno regule la enseñanza de estas teorías en las aulas y deje de financiar con dinero público escuelas en las que se enseñan. Porque se calcula que al 20% de los alumnos de primaria de este país ya se les ha hablado de creacionismo y diseño inteligente como alternativas a la evolución darwiniana.

Desde organizaciones como ‘Truth in science’, defensores del creacionismo en Reino Unido, están llevando a cabo una gran campaña de difusión de material didáctico a los profesores. Y cuando el entorno impide introducir estas teorías en la clase de biología, éstas se trasladan a la de religión.

En realidad el problema no es cuestionar lo que la mayoría acepta, sino hacerlo a base de suposiciones, creencias religiosas, absurdas lógicas y desde luego nunca desde la investigación científica. Dawkins y Attenborough señalan que estos grupos se hacen pasar por investigadores (algunos lo son) y defienden sus ideas utilizando el lenguaje científico como modo de lograr una mayor aceptación de las mismas por parte de la sociedad. Pero no es ciencia.

Parece que vienen tiempos en los que los investigadores no sólo han de convencer a otros colegas de sus descubrimientos (cosa nada sencilla pero imprescindible) e intentar que la sociedad sea más científica realizando tareas de divulgación como las de Attenborough o Dawkins (también imprescindibles)…. Ahora también hay que pedir firmas para intentar detener a aquellos que sin ningún trabajo a sus espaldas niegan investigaciones rigurosas.Y lo hacen sin argumentos y por razones puramente religiosas. Suena a tiempos pasados.

Y como afirma el propio Dawkins, un buen comienzo para poner freno a la enseñanza de estas teorías en los colegios empezaría por dejar de llamar ‘teoría’ al trabajo de Darwin para empezar a considerarlo un ‘hecho’.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Un semen, 150 hijos

Isabel Molina

La posibilidad de vernos un día reflejados en un extraño, inquieta tanto como fascina.

Imaginar que puede haber alguien por ahí que es una copia más o menos exacta de lo que somos, con esas mismas orejas ligeramente despegadas o una manera de reir inconfundible, es algo que ha pasado por nuestras cabezas alguna vez . El cine y la literatura se han dejado seducir innumerables veces por el ‘doppelgänger’, el doble que camina.. Bien desde un punto de vista más psicológico (la idea de la dualidad que existe en las personas, el bien y el mal encarnados en un único individuo) o bien como una cuestión puramente de identidad, como la que plantea Saramago en ‘El hombre duplicado’.

Mujeres duplicadas por el click siempre original de Altea Moreno


Pero hoy en día, esta remota y literaria posibilidad de dar con del doble que camina por algún lugar del mundo, no es cosa tan sólo de mitos y ficciones en países como Estados Unidos. ¿El motivo?, el negocio de los bebés, ya que la falta de regulación de las clínicas de fertilidad está provocando que de un mismo donante de semen se lleguen a concebir hasta 150 hijos.

Problemas de fertilidad, peligro de transmisión de una enfermedad genética grave, gobiernos que no aceptan la adopción por parte de parejas homosexuales o mujeres que quieren ser madres solteras. Estas ‘nuevas’ circunstancias han hecho que inseminarse con semen de un donante desconocido sea la única opción para muchos. Y aunque la donación es anónima, el semen se identifica con un número único para cada donante y que el receptor conoce. De manera que distintas familias que han tenido hijos mediante inseminación artificial, han conseguido dar con otras tantas que recibieron semen con ese mismo número de identificación. Creando grupos de decenas de hijos de un mismo padre biológico.

Aunque estos niños no son hermanos, existe una herencia genética común que no puede obviarse. Además del posible parecido entre unos y otros, las probabilidades de propagar a través de tan numerosa descendencia, alguna patología genética desconocida por el donante, aumentan enormente en estas circunstancias. Y el riesgo de incesto entre ‘hermanos’ es ya un hecho en algunas zonas de Estados Unidos donde coinciden varios receptores del mismo donante.

Por ello hay niños a los que sus padres entregan el número de identificación del donante para que, cuando conozcan a otros niños nacidos bajo las mismas circunstancias, tengan claro que provienen de padres distintos.

Más allá de este 'juego' de coincidencias, probabilidad y dobles, lo que preocupa a muchos es el negocio incontrolable e incontrolado que está detrás de estas clínicas. Si a cada donante se le pagan aproximadamente 500 dólares, pero las muestras se venden a unas 100 familias (un valor aproximado porque es un dato que se desconoce) por 500-1000 dólares, se ve rápidamente donde está la clave.

Los bancos de semen funcionan como cualquier tienda on line: cualquiera puede acceder al listado de donantes y seleccionar qué rasgos raciales quiere de entre todos ellos. En muchas de estas páginas los catálogos de donantes son de libre acceso e imitan a las páginas de contactos: una foto del donante cuando era pequeño y un párrafo que intenta ‘vender’ al hombre en cuestión.

            Muestra de un catálogo de semen de la clínica Cryos International, en Dinamarca


Ahora sí, en Europa la cosa es distinta porque sí existe límite de hijos concebidos por muestra de semen y además la donación se considera un acto altruista y no se paga (excepto gastos de viaje o una compensación si se ha ausentado de su trabajo). En España el límite de hijos está está establecido en 6.

Como comenta la autora del libro “The Baby Business: How Money, Science and Politics Drive the Commerce of Conception”, Déborah L. Spar, en Estados Unidos es más fácil, burocráticamente hablando, comprar una muestra de semen que un coche.

Muchos se cuestionaran qué supone compartir una herencia común y si tiene trascendencia hacerlo con 2 ó 3 personas o con 150. Es difícil hablar de una única percepción colectiva de lo que supone, pero lo que sí parece evidente es que existe un gran negocio detrás de las clínicas de fertilidad y de las donaciones de semen, el nuevo oro blanco.  

La noticia


miércoles, 7 de septiembre de 2011

El color de la grasa


Isabel Molina
Tras las vacaciones merecidas, quién más quién menos, volvemos con la certeza de que nuestros cuerpos no son tan esbeltos como la ilusión del invierno nos había hecho creer. 

Y ahora nos encontramos con dos opciones: la fuerza de voluntad, esa gran desconocida, o esperar sentados y engordando un poquito más si cabe (que sí, suele caber) a que sean los científicos, esos tipos que lo descubren todo, los que acaben por dar con una solución que nos evite esas dietas repletas de acelgas o tener que subir a pie las interminables escaleras del metro. Que lo descubran sí, pero sobre todo, que nosotros lo veamos.

Pues bien, se acaba de publicar un estudio que muestra el ‘interruptor biológico’ que transforma la grasa blanca en otra llamada ‘parda’. Porque si no lo sabían hay dos tipos de grasa, digamos que la normal, la mala, la que no nos gusta, esa que tiende a rodearnos como un flotador o que tapa y tapa hasta que poco queda del molde original y una llamada ‘grasa parda’, que tiene la propiedad de quemar calorías en lugar de guardarlas, calentándonos un poquito.

¿Y dónde está ese interruptor?
Desgraciadamente la ciencia nunca va de un único click. El interruptor supone activar una vía nerviosa y bioquímica con cientos de moléculas implicadas que finalmente conducen a esa ‘mágica’ transformación. Y según su descubridor, también existen 2 maneras de hacer ese click: la de la fuerza de voluntad, es decir, cambiando nuestros hábitos de vida, y la farmacológica, que aún está por llegar.

En estudios con ratones los autores del estudio vieron que estimulando su ambiente social, se producía ese efecto de transformación del ‘color’ de la grasa. Pero claro, lo que es seguro es que estimular la vida social de un ratón poco tiene que ver con lo que a uno se le ocurre si lo lleva a su terreno. ¿Más estimulación social?: más vino, cañas y tapas.

Pero en ello están ahora: intentando definir qué factores no farmacológicos consiguen activar la ruta descubierta.

Me imagino que hasta que este nuevo descubrimiento se materialice en algo más concreto, seguiremos pensando a cuál de todas las dietas ‘milagro’ y creencias populares nos aferraremos esta vez, como aquella que se popularizó hace unos años que decía que beber agua durante las comidas engordaba: miles de personas pasando las comidas en estado casi delirante, la garganta seca y deseando que el suplicio terminara cuanto antes (- Pero bebe agua, hombre!; - No, que el agua durante las comidas, engorda; - No, el que engordas eres tú).

Hasta que llegue el definitivo milagro antigrasa o suframos un ataque de voluntad férrea, seguiremos atentos a los últimos estudios pero buscando consuelo en la sabiduría popular, pensando que de noche, al menos, todas las grasas son pardas.



viernes, 15 de julio de 2011

Sin cerebro pero con personalidad

Texto: Isabel Molina
Foto y video por cortesía de Oceana

Contar o no una mentira piadosa, dejar para más tarde esa llamada que nos inquieta o enfrentarnos a un jefe explotador.

Cada día nos enfrentamos a decisiones más o menos difíciles. Pensamos, estudiamos las consecuencias y decidimos. Y todo esto se engloba dentro de nuestra personalidad, aquellos rasgos que nos definen y nos distinguen de cualquier otra persona.
Por su origen etimológico, asociamos el término personalidad a las personas, desde luego. Pero no es extraño oír hablar de la personalidad de animales como perros o gatos, loros o monos. Les concedemos esa cualidad en principio humana porque nos resulta claro que al igual que nosotros toman decisiones y manifiestan comportamientos distintos entre ellos dependiendo de las circunstancias y de su propia naturaleza individual.
 ¿Pero qué ocurre con animales más ‘simples’, aquellos que carecen de cerebro y que tienen un sistema nervioso realmente sencillo?, ¿tienen personalidad las anémonas, por ejemplo?
Tomate marino (Actinia equina). Isla de Alborán, Almería
EUO © OCEANA Juan Carlos Calvin
Las anémonas poseen una red de terminaciones nerviosas extendida por su cuerpo pero carecen de un cerebro como tal. Aún así, dos científicos de la universidad de Plymouth se pusieron manos a la obra para conseguir responder a esta pregunta y centraron su estudio en cómo respondían las distintas anémonas de una misma colonia a las amenazas (lanzamiento  de un chorro de agua!) y cómo actuaban en situaciones de lucha entre ellas.
Los resultados: se encontraron diferencias de ‘personalidad’. Algunas permanecían más tiempo escondidas tras el ataque con agua. Otras más valientes volvían a asomarse rápidamente. En cuanto a la lucha entre ellas, no todas estaban dispuestas a dejarse picar por su enemiga tras una valoración del adversario y se retiraban. Y aunque el tamaño resultó esencial, no siempre fue determinante en los ataques filmados, ya que si una anémona conseguía picar a otra y ésta no se retiraba, el factor clave resultó ser el tamaño de sus nemocitos (células que producen el veneno que inyectan al picar) y el daño que producían en la piel del adversario.

Además, los cambios introducidos en su microhábitat (como cambios en la temperatura) mostraron que los distintos individuos seguían manteniendo sus particulares formas de actuar frente a las amenazas externas o de individuos de su colonia.
Así que a pesar de ser animales con un sistema nervioso sencillo, sin cerebro, parece que muestran rasgos que las distinguen de otras, que toman decisiones según varios factores, y que en definitiva, aunque nunca tengan que lidiar con dudas sobre si dejar o no un trabajo, las anémonas tienen su pequeña personalidad.


jueves, 7 de julio de 2011

Proyecto Nim


Nim Chimpsky. El nombre resulta vagamente familiar.

Pero no es sino cuando se pronuncia en voz alta, que adquiere una sonoridad sospechosamente parecida a la de Noam Chomsky, lingüista y filósofo norteamericano que teorizó que el lenguaje tal y como lo conocemos es único de nuestra especie.


El chimpancé Nim. Foto: Proyecto Nim

No es casualidad que este chimpancé vestido con ropas de los 70 se llame así. Fue elegido en aquellos años para participar en un proyecto ambicioso sobre el estudio del lenguaje de los chimpancés, el Proyecto Nim.

Aunque ya se presentó en el Festival de Sundance, el 8 de julio se estrena en Estados Unidos el documental dirigido por James Marsh que cuenta la historia de este primate que vivió en pleno centro de Manhattan rodeado de humanos, que aprendió el lenguaje de signos de los sordos y que cambió la percepción de la relación entre hombres y monos.

El viaje de Nim
La idea de este experimento fue de Herbert Terrace, un psicólogo de la Universidad de Columbia que trataba de mostrar que podía superarse una de las grandes barreras que separan a los humanos de los primates, el lenguaje. Y que una vez aprendido el lenguaje de los signos, un chimpancé podía contar lo que estaba sintiendo. Para ello ideó un experimento de inmersión de Nim en el mundo de los humanos…en plena ciudad de Nueva York.

El pequeño chimpancé fue arrebatado de los brazos de su madre en un centro de investigación de primates en Oklahoma y fue rápidamente entregado a Stephanie LaFarge, estudiante de psicología con Terrace y la que sería su madre humana adoptiva.

La familia LaFarge lo acogió como a un miembro más. Le pusieron pañales, le vistieron como a un bebé y Stephanie Lagrange se lanzó sin titubear a la tarea de amamantar al animal, olvidando que estaba dándole el pecho a un animal salvaje y poderoso que podía herirla seriamente.

Cara a cara. Foto: Proyecto Nim


Pero en aquel hogar nadie conocía bien el lenguaje de signos, por lo que Nim fue pasando por distintas manos hasta que el propio Herbert Terrace canceló el proyecto, publicó un artículo en la revista Science descartando que estos animales puedan formar frases completas y el chimpancé acabó aislado en un centro de primates primero, y en manos de una farmacéutica después. Triste y solitario final para un animal que siempre había convivido rodeado de humanos.

Por el camino Nim aprendió unas 120 palabras del lenguaje de signos, y aunque las aspiraciones sobre la evolución del lenguaje de Terrace no se cumplieron, el chimpancé mostró que se había establecido una comunicación, basada en la comprensión y un afecto profundo, entre él y sus cuidadores.

El documental nos muestra a través de testimonios e imágenes de aquella época, que finalmente no fue el ser humano el que transformó a Nim dotándole de cualidades humanas, sino más bien, según afirma su director, fue el chimpancé el que cambió para siempre a los humanos que convivieron con él.

Washoe, la pionera
La utilización del lenguaje de signos por parte de los chimpancés no fue una ocurrencia de Terrace. Washoe fue el primer no-humano en aprender esta forma de comunicación, con la que llegó a ‘pronunciar’ más de 350 palabras.

Los primatólogos estadounidenses Roger y Deborah Fouts se encargaron de enseñárselo, pero el legado de Washoe (que falleció en 2008) fue más allá de la sorprendente capacidad de los chimpancés para la comunicación. Enseñó a sus cuidadores que estos primates tienen una moral, un sentido de lo que está bien y mal, hablan entre ellos, muestran compasión por el sufrimiento ajeno, mienten y sobre todo, son capaces de transmitir esos conocimientos a su descendencia (Washoe enseñó el lenguaje de signos a sus crías).


Nim o Washoe. Aunque los chimpancés no parezcan tener la capacidad de comunicarse tal y como lo hacemos los humanos, hay una cercanía entre especies evidente, que permite la comunicación y deja hueco al entendimiento mutuo. Unos rasgos comunes que en ocasiones pueden hacer olvidar que, aunque nos parecemos, no somos exactamente lo mismo.